Los padres gastan fortunas en juguetes. Más aun si pretenden que sus hijos tengan en sus manos en cada momento los productos de primera calidad más adecuados para su edad. El problema es que, a las pocas semanas o meses de cada compra, esos “chiches” tan costosos quedan olvidados, juntando polvo hasta ser “heredados” por un hermanito o donados.

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